Investigadores chilenos identifican un “interruptor biológico” en plantas que redefine cómo responden al estrés por sequía y abre oportunidades para cultivos más resilientes
Autor: Daniel Rivera - Equipo Industria Alimentaria
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences describe cómo la proteína NLP7 actúa como regulador molecular que equilibra crecimiento y defensa ante estrés hídrico, lo cual tiene implicancias directas para la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria.
Un equipo de científicos liderado por Dr. José Miguel Álvarez, investigador del Centro de Biotecnología Vegetal de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y director del Núcleo Milenio en Ciencia de Datos y Resiliencia Vegetal (PhytoLearning), ha publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) un estudio que identifica un mecanismo molecular fundamental en la respuesta de las plantas frente a la sequía. El trabajo aborda cómo las plantas integran señales ambientales opuestas —disponibilidad de nitrógeno y estrés hídrico— para decidir fisiológicamente si priorizan crecimiento o conservación de recursos.
El hallazgo central del estudio es que la proteína NIN-LIKE PROTEIN 7 (NLP7) funciona como un regulador biológico o “interruptor” que coordina la respuesta vegetal. En presencia de nitrógeno disponible en el suelo, NLP7 activa genes asociados al crecimiento, promoviendo el desarrollo de la planta. Sin embargo, cuando las condiciones de sequía se intensifican, ese mismo impulso puede resultar contraproducente porque mantiene el crecimiento activo cuando la planta debería conservar agua para sobrevivir.
Los investigadores observaron que, en plantas en las que NLP7 fue experimentalmente desactivada, se produce un cierre más temprano de los estomas —poros en las hojas responsables de la transpiración—, lo que reduce la pérdida de agua y mejora la tolerancia al estrés hídrico. Esta observación indica que NLP7 no solo promueve el crecimiento, sino que también “define cuándo ese crecimiento debe frenarse para asegurar la supervivencia” en condiciones adversas de agua.
Los resultados del estudio no solo amplían la comprensión de la fisiología vegetal, sino que además abren nuevas vías para la innovación agronómica. Según los autores, este conocimiento puede utilizarse para diseñar estrategias que maximicen el uso eficiente del nitrógeno sin sacrificar la resiliencia frente a la sequía, mediante enfoques como la selección de variedades más resistentes, edición genética específica o ajuste en las prácticas de fertilización y manejo del cultivo.
En el contexto de una agricultura global marcada por patrones climáticos cada vez más variables y frecuentes episodios de sequía, comprender mecanismos genéticos que equilibran crecimiento y defensa es clave para la seguridad alimentaria y sostenibilidad del sector agrícola. Este descubrimiento refuerza la importancia de la biotecnología y la investigación molecular en el desarrollo de sistemas productivos más robustos y adaptados a futuros desafíos ambientales.








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