Del plato equilibrado a la comida real: el giro de la pirámide alimentaria en EE. UU.
Autor: Yanithza Mendoza Alvarado - Equipo Industria Alimentaria
Volver a lo esencial: cocinar más, elegir alimentos naturales y reducir productos industriales es el mensaje central de la pirámide invertida, que busca orientar hábitos alimentarios en Estados Unidos.
Estados Unidos vuelve a modificar sus guías alimentarias y el cambio no pasa desapercibido. La actualización de la pirámide nutricional marca un quiebre con los modelos anteriores y reactiva el debate sobre cómo el Estado interviene en la forma en que la población entiende la alimentación saludable. Más que una corrección técnica, el nuevo esquema propone una narrativa distinta sobre qué comer, cómo hacerlo y quién asume la responsabilidad de esas decisiones.
La principal novedad es el abandono del modelo del “plato equilibrado” para dar paso a una pirámide invertida que coloca en el centro a la llamada “comida real”. Este enfoque prioriza el consumo de proteínas y grasas consideradas saludables, mientras reduce el protagonismo histórico de los cereales y minimiza la presencia de productos ultraprocesados. El mensaje es directo y seductor: volver a lo esencial, cocinar más, elegir alimentos naturales y alejarse de la industria alimentaria.
Sin embargo, detrás de este rediseño se refuerza una lógica que pone el acento en la responsabilidad individual. La nueva pirámide invita a “elegir mejor”, pero deja en segundo plano las condiciones sociales que determinan qué se puede comer: ingresos, tiempo disponible, acceso a alimentos frescos y regulación del mercado. De este modo, la guía corre el riesgo de simplificar un problema complejo y trasladar la carga de la solución únicamente a las decisiones personales.
El énfasis renovado en proteínas y grasas también abre un debate nutricional. Si bien cuestiona el exceso de azúcares y carbohidratos refinados, puede generar interpretaciones reduccionistas que ignoren la importancia de la fibra, los cereales integrales y la diversidad alimentaria. En sociedades con limitada educación nutricional, estos mensajes pueden derivar en confusión o dietas desequilibradas, especialmente cuando no se acompañan de políticas públicas coherentes.
Más allá del cambio gráfico, la nueva pirámide alimentaria vuelve a poner sobre la mesa una discusión de fondo: el rol del Estado frente a la alimentación de su población. Las guías no solo orientan hábitos, también influyen en programas sociales y decisiones públicas. Por eso, el mensaje final debería ser claro y completo: volver a lo esencial, reducir los productos industriales y recuperar una alimentación natural, pero con un Estado que no solo recomiende, sino que garantice las condiciones para que comer bien sea un derecho posible y no un privilegio.
FUENTE: Infobae








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