La logística alimentaria cambia de rumbo: el nuevo rol de los centros de distribución
Autor: Yanithza Mendoza Alvarado - Equipo Industria Alimentaria
El avance de la cadena de frío y las tecnologías de monitoreo eleva las exigencias sobre infraestructura, eficiencia y control de los productos perecederos.
La calidad de un alimento no termina en la planta de producción. Entre la fabricación y el punto de venta existe una etapa crítica en la que temperatura, almacenamiento, transporte y manipulación pueden determinar la conservación del producto. En este escenario, los centros de distribución han dejado de operar como simples espacios de almacenamiento para convertirse en puntos estratégicos de control de calidad, inocuidad y eficiencia dentro de la cadena alimentaria.
El crecimiento de la cadena de frío refuerza esta transformación. El mercado global de esta actividad alcanzaría los 78,550 millones de dólares en 2026 y mantendría una tasa de crecimiento anual de 11.34% hasta 2031, impulsado por la expansión de los alimentos congelados y la mayor demanda de productos frescos con una vida útil prolongada. A ello se suma el crecimiento de la logística alimentaria, donde el transporte refrigerado representa una parte significativa de los ingresos del sector.
En este contexto, la infraestructura especializada, la tecnología y la gestión operativa se consolidan como los principales desafíos. Los centros de distribución deben mantener condiciones de temperatura controlada, reducir mermas, optimizar rutas y responder con rapidez a las variaciones de la demanda. Paralelamente, el uso de sensores IoT e inteligencia artificial avanza para monitorear las condiciones de los productos, mejorar la trazabilidad y anticipar posibles pérdidas durante el almacenamiento y transporte.
El factor humano también mantiene un papel determinante. La correcta manipulación de productos perecederos, el control de inventarios y la rotación adecuada requieren personal capacitado, ya que una desviación de temperatura o una gestión deficiente puede generar pérdidas económicas y riesgos para la inocuidad. Por ello, el diseño de las instalaciones debe complementarse con ubicaciones estratégicas, datos operativos confiables y una coordinación eficiente entre productores, operadores logísticos y puntos de venta.
La evolución de los centros de distribución refleja un cambio en la forma de entender la logística alimentaria: ya no se trata únicamente de almacenar y movilizar productos, sino de preservar su calidad y valor durante todo el recorrido. En un mercado donde la vida útil, la trazabilidad y la eficiencia son cada vez más relevantes, invertir en infraestructura logística y tecnologías de monitoreo será un factor decisivo para mejorar la competitividad de las empresas alimentarias.
FUENTE: Food New Latam.com


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