Desafíos de la carga refrigerada en un escenario de aranceles cambiantes
Autor: Fiorella Acevedo - Jefa de Equipo Industria Alimentaria
La logística de productos perecederos enfrenta un entorno cada vez más complejo. El reciente aumento de aranceles en Estados Unidos y otros mercados estratégicos está obligando a los exportadores de alimentos a replantear sus estrategias de abastecimiento y distribución. Para la industria alimentaria, donde la cadena de frío es esencial para garantizar la calidad e inocuidad, los cambios en el comercio internacional representan un riesgo directo para la continuidad de negocios.
El primer gran desafío radica en la reconfiguración de las cadenas de suministro. Un incremento en las tarifas no solo encarece los costos, sino que además obliga a considerar nuevos destinos, proveedores y rutas logísticas. Sin embargo, rediseñar estas cadenas no es inmediato: implica ajustes en infraestructuras, certificaciones y contratos comerciales que requieren tiempo y coordinación entre productores, exportadores y operadores logísticos.
En segundo lugar, la búsqueda de mercados alternativos demanda un esfuerzo adicional de planeamiento. Redirigir envíos de frutas, hortalizas, proteínas o productos procesados hacia otros destinos implica garantizar disponibilidad de contenedores refrigerados, negociar espacios en navieras y asegurar la compatibilidad con normativas fitosanitarias y de etiquetado. Esta transición, aunque necesaria, solo puede consolidarse en el mediano plazo, mientras que los impactos de los aranceles ya se sienten en el corto.
El tercer reto es la incertidumbre regulatoria. La dinámica cambiante de los aranceles y medidas comerciales genera una parálisis temporal en las decisiones estratégicas de las empresas. Muchos exportadores optan por una postura de “esperar y observar”, ya que adelantar cambios implica costos elevados en un escenario donde las reglas pueden modificarse nuevamente. Para los perecibles, esta indecisión es especialmente crítica, pues la ventana de comercialización es estrecha.
Finalmente, la industria alimentaria debe reforzar la planificación anticipada y la resiliencia logística. La diversificación de mercados, la innovación en embalajes que prolonguen la vida útil y la inversión en sistemas de trazabilidad se convierten en herramientas clave para mitigar riesgos. En un escenario global de alta volatilidad, la competitividad de los productos perecederos dependerá de la capacidad del sector para adaptarse con agilidad y garantizar la seguridad alimentaria desde el campo hasta el consumidor final.








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