DIRECTORIO

DEL SECTOR ALIMENTARIO

Calidad y Seguridad / Nutrición y Salud

El rol de la industria en la nutrición y la salud

Por: DSM

Entrevista de DSM con Prof. Ricardo Uauy (Universidad de Chile, Universidad Católica de Chile, London School of Hygiene and Tropical Medicine).

Hoy en día todavía existe desnutrición clásica en todas sus formas, incluyendo el déficit de vitaminas y minerales. Ese campo se está achicando, en la medida en que los países crecen económicamente, tienen mejores alimentos, hay alimentos industrializados y procesados que están proveyendo los nutrientes que puedan estar deficitarios y las políticas de fortificación de los alimentos masivos y baratos es una política que seguirá manteniéndose. Esto, porque es una manera de asegurar de una forma muy costo-efectiva la provisión de los nutrientes críticos que no solamente están evitando enfermedades, sino- como en el caso del hierro, del zinc y de la vitamina D- están contribuyendo al crecimiento, al desarrollo y a la salud a través de todo el ciclo vital. Los tiempos críticos para esos nutrientes son habitualmente los primeros dos años de vida si hablamos de talla, si hablamos de desarrollo cerebral serían los primeros 15 años de vida. El bienestar físico y mental requerirá alimentos con una cantidad de propiedades y nutrientes específicos, a través de toda la vida en sus respectivas cantidades óptimas.

El profesor, Ricardo Uauy, en entrevista exclusiva a DSM, discute el rol de la industria en la nutrición, la fortificación de alimentos y la promoción de salud pública.

¿Es posible cumplir con las necesidades nutricionales solamente por medio del consumo de alimentos?

La respuesta para la pregunta es sí, es posible. Pero viene una segunda pregunta: ¿a qué costo? Y cuantos van a poder lograr una alimentación saludable basada exclusivamente en alimentos “naturales”, “no procesados”, etc. Ahí vamos a encontrar que solo una minoría va a ser capaz de tener una dieta equilibrada basada en alimentos, especialmente basada solo en aquellos no procesados.

Entonces, la industria de alimentos por medio de la fortificación, ¿puede ser un actor válido en la nutrición de salud pública?

En un mundo ideal que no existe, uno podría asumir que los alimentos naturales entregaran todos los nutrientes. Pero para eso creo, dependiendo en que parte del mundo estemos, que estamos a años plazo, siglos de plazo, o milenios de plazo. De esta forma, yo creo que la fortificación de alimentos va a seguir estando dentro de las mejores opciones para mejorar la nutrición y las condiciones de vida incluyendo la productividad de la especie humana y el envejecimiento saludable. Ahora bien, no cabe duda que hay algunos nutrientes que son más críticos que otros, que hay zonas geográficas donde el problema es más agudo, por la pobreza y por la geografía misma.

Ilustremos esto con la vitamina D, probablemente la geografía es más importante que la pobreza, por la influencia de la exposición al sol. Además, nadie duda de la importancia de combatir la anemia, nadie duda de la importancia de combatir el raquitismo, nadie duda de que el flúor contribuye a disminuir las caries, aunque si la higiene se lograra en todo el mundo y todo el mundo se cepillara no sería necesario el flúor. Entonces estos son ejemplos de nutrientes y micronutrientes que van a seguir estando presentes, excepto que cambiemos la naturaleza del ser humano.

En términos generales, ¿cómo es la relación entre los académicos y la industria en este proceso?

Existe una amplia heterogeneidad en la industria en relación a su comportamiento frente a la salud pública. En ocasiones puede resultar más fácil para algunos académicos el juzgar a todos por igual y considerar a toda la industria perjudicial para la salud pública. Yo elegí desde temprano mi relación con la industria, juzgar a cada uno en base a sus méritos. Eso requiere si, involucrarse un poco más, tener una capacidad de nivel crítico, decidir continuamente qué es adecuado y que no; además, decidir con quien sí y con quién no se pueden establecer relaciones multilaterales. En lo personal, esto ha resultado en algunas experiencias muy negativas, pero en general el resultado neto de esta relación ha sido positivo y de mutuo beneficio. Más aún, el tercer socio en esto, directa o indirectamente, resulta siendo el Estado. Un individuo define qué es parte de su misión, pero es el Estado quien define que una universidad o institución en general tenga que tener una misión de bien público.

Entonces quizás el socio más ausente es el socio que debería estar modulando esta relación, porque el Estado debiera estar defendiendo el interés público. De hecho, la empresa tiene todo el derecho de declarar que su interés es la ganancia.

Hay gente que eso lo considera intrínsecamente malo. Ahora, si esa ganancia es a expensas de la salud de las personas, yo estoy en contra de esa empresa. Pero si la empresa quiere ganar dinero para contribuir en la buena nutrición y salud de las personas, no hay motivo para impedírselo.

Además de la fortificación, ¿de qué manera la industria puede contribuir a la buena nutrición?

El aporte fundamental de la industria, en alguna etapa ha sido la investigación básica que ha llevado a establecer las dosis de nutrientes, las necesidades, la eficacia y la intervención. A primera vista esto parece un rol de la academia, pero la empresa lo ha hecho para tener un dato poblacional, y esto no lo puede hacer la academia sola. Si se trata de modelos experimentales con animales de laboratorio, o bien en grupos humanos pequeños en una situación controlada, lo puede hacer la academia. Si se trata de evaluar a nivel poblacional, la academia no tiene ni la experiencia, ni los sistemas de entrega, ni la tecnología para hacerlo.

Y aunque pudiera tenerlos, la academia en general está buscando lo nuevo, está buscando lo novedoso, no está buscando lo rutinario.

Usted ha mencionado experiencias negativas. ¿Cómo prevenirlas?

La industria puede ser un actor clave en la nutrición en salud pública, a través de incentivos y también penalidades bien definidas. Los gerentes de marketing y ventas son una especie diferente a los de desarrollo y planificación estratégica, y esa tensión es saludable que exista, pero tiene que haber un equilibrio que va a definir precisamente cuales empresas van a ser las que van a tomar una actitud donde ese balance va a privilegiar la salud pública y el bien que hace la empresa con su producto. El que define las reglas generales tiene que ser el Estado.

Entonces, independientemente de la forma que eso tome, tiene que existir una penalización hacia las prácticas que perjudiquen la salud pública, de otro modo habrá menos incentivo a hacer la innovación de forma que promueva la salud. Esto no es blanco o negro y requiere de cierto equilibrio y adaptarse a la situación local. Debemos maximizar el beneficio nutricional, proveyendo alimentos nutritivos a precios alcanzables para cualquiera, pero al mismo tiempo minimizar el perjuicio causado potencialmente por alimentos que aportan componentes que ya se encuentran en exceso en la dieta de dicha población.

Pero en términos prácticos, ¿cómo promover alimentos más saludables para los consumidores?

Esto debe hacerse tanto por la vía de la comunicación como por la vía de desincentivar la comercialización de alimentos poco saludables. Por otro lado, la educación nutricional y la lectura de etiquetas lleva tiempo y grandes esfuerzos.

Se debe entonces tener una política equilibrada en la cual no se debiera prohibir, ya que si las medidas van a incluir poner productos bajo llaves, como el tabaco por ejemplo, obviamente eso no va a funcionar. Debemos velar entonces porque el beneficio de los nutrientes que ponemos en un alimento y beneficia a una población no tenga un efecto adverso en otra población o, más aún, porque una población suficiente en un nutriente no lo reciba por vía de un alimento que no la beneficia. El tema de riesgo-beneficio tiene que estar como un marco general, pues la complejidad del tema no se puede traspasar como decisión del consumidor. Esto en la práctica no es operable. Y obviamente aquí tiene que haber una definición de que va a hacer el mayor bien posible y el mínimo mal posible.

¿Qué puede ser considerado un importante desafío nutricional para los próximos años?

La complejidad más grande donde la academia y la industria deben empezar a actuar es que ya las curvas normales que hemos usado para definir poblaciones progresivamente se están poniendo más en tela de juicio. Ya sea por factores fisiológicos como la edad, sabemos que la embarazada es deficiente en hierro y muchísimos otros factores, por lo tanto, vamos a tener que juntos ver como abordamos el disminuir el riesgo al mínimo y evitar efectos adversos al máximo con curvas que no son normales. Esto es un desafío que debemos abordar, de una manera inteligente, con una aproximación inteligente al riesgo. Si encontramos que el 3% de la población tiene efectos adversos con una dosis que para los demás es necesaria, no podemos eliminar el nutriente y dejar a todos deficientes para evitar el riesgo en ese 3%. Tendremos entonces que aceptar que en todo hay beneficios y riesgos que debemos balancear. En este aspecto es fundamental nuevamente la cooperación de todos los actores en establecer modelos de negocios y marcos regulatorios adecuados que incluyan estos aspectos de riesgo-beneficio. La industria debe asumir riesgos acotados por un marco regulatorio que maximice el beneficio público, que maneje estos riesgos y beneficios que son a veces antagónicos y que defina cómo se actúa frente a los riesgos, aunque sean improbables o incuantificables en un momento determinado.

La colaboración para minimizar el déficit y moderar los riesgos en poblaciones específicas se va a complejizar, y en esto es fundamental la participación de todos los actores. ¿Y con relación a las políticas públicas? ¿Cuáles deben ser los próximos pasos?

En estos momentos, las políticas en fortificación debieran ser políticas de Estado. Porque el Estado es el que tiene que buscar la mejor salud y el mejor acceso a los bienes, como pueden ser los alimentos fortificados. Desde ese punto de vista, la primera política debería ser fortificación obligatoria para los nutrientes críticamente importantes en salud. Del mismo modo, las substancias que son altamente tóxicas deben estar prohibidas. Es bueno entonces que haya marcos jurídicos que establezcan que quien quiere vender ciertos productos, los tiene que fortificar.

Al mismo tiempo, la fortificación optativa puede ser razonable para lo menos urgente nutricionalmente. En este sentido hay empresas que lo hacen bien, sin intervención estatal, sino por una motivación nutricional propia; sin embargo, hay materias urgentes de salud pública en que el Estado debe nivelar el plano.

Nosotros hablamos mucho de las carencias nutricionales, pero ¿es posible incluir las enfermedades crónicas en esa agenda?

Por supuesto, la industria puede ser un aliado importante en la lucha contra la obesidad, por ejemplo, a través de concentrarse en los alimentos que tienen más densidad de nutrientes y menos densidad de energía. Y aquí de nuevo hay un rol importantísimo del Estado que en varios países subsidia los alimentos equivocados.

Entonces como mínimo, el Estado debiera abandonar el uso de subsidios en alimentos que ya están en exceso en la dieta. Hay gobiernos que están gravando con impuestos determinados ingredientes alimentarios, lo mínimo sería que no se subsidien. Entonces, sería virtuoso que el Estado reubique los subsidios a los alimentos saludables o inclusive a la fortificación, de suerte de poder disminuir la cantidad de calorías, mejorar la calidad de dichas calorías, sin desnutrir a la población de micronutrientes.

Por fin, ¿cuál es su mensaje para los actores que quieren actuar en asociaciones público-privadas en la promoción de la salud?

Debemos definir los roles de nutrientes críticos que son particularmente importantes a grupos poblacionales determinados.

Esto es fácil de entender y comunicar. El usar como criterio el alcanzar las recomendaciones de FAO es un buen punto de partida, no requiere de una justificación. En esto la industria puede tener un gran poder amplificador, tanto en lo comunicacional como también en la disponibilidad productos nutritivos, procesado o incluso naturales. Podríamos perfectamente pensar también en la producción de pollos o salmones con mayor densidad de micronutrientes. La industria tiene entonces un rol que jugar en mejorar la salud pública, se requiere entonces una actitud abierta, creativa, generación de espacios de confianza y reglas claras que prioricen por el bien común.

DSM – Bright Science. Brighter Living™

Royal DSM es una empresa global, “purpose-led”, con base científica y activa en los campos de la nutrición, la salud y la vida sostenible. El propósito de DSM es crear vidas más brillantes para todos. DSM afronta con sus productos y soluciones algunos de los retos mundiales actuales más importantes, a la vez que logra prosperidad económica y valor medioambiental y social para todas las partes interesadas (clientes, empleados, accionistas y la sociedad en general).

DSM ofrece soluciones innovadoras para la nutrición humana y animal, higiene personal y fragancias, productos sanitarios, productos ecológicos y aplicaciones, y nueva movilidad y conectividad. DSM y sus empresas asociadas arrojan un volumen de ventas netas anual de aproximadamente 10 000 millones de euros y cuentan con unos 23 000 empleados.

La empresa se fundó en 1902 y cotiza en Euronext Ámsterdam. Más información en www.dsm.com/latam

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2021-08-19 07:20:52

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