Empaques biodegradables prolongan la vida útil de las uchuvas
Autor: Agencia Iberoamericana para la difusión de la Ciencia y Tecnología
Una investigación señala que podrían extender esa vida útil entre 39 y 42 días, contribuyendo a la conservación del medioambiente y a la reducción de las pérdidas en la producción.
El empaque serviría a otros frutos sensibles a daños mecánicos como las bayas, las setas o los champiñones, frutas pequeñas que no tienen cáscara, entre otros, para los que este tipo de empaque es favorable, sobre todo para su exportación.
La propuesta biotecnológica es una alternativa viable frente a la tendencia de conservación y almacenamiento al ambiente o en el empaque plástico tradicional, que duran máximo 20 días y 30 días respectivamente, pero que no permite que el agua condensada por la humedad pueda ser expulsada.
Así lo evidencia la investigación de Nelsy Johanna Garavito Jején, magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
Su estudio forma parte del desarrollo de un empaque robusto con un sistema integrado para el control de la contaminación microbiológica y de la humedad, considerando que las uchuvas son altamente perecederas, que respiran y exhalan gases, por lo que requieren empaques que cumplan sus necesidades, permitan aumentar su vida útil y así evitar las pérdidas económicas.
Para ello, los investigadores crearon un modelo matemático robusto que puede predecir satisfactoriamente y bajo diferentes condiciones de almacenamiento –como temperatura y humedad relativa del ambiente– qué pasará con ese fruto a lo largo de los periodos propuestos.
Al respecto, la investigadora señala que “hicimos una configuración matemática para tener un empaque biodegradable con una atmósfera modificada en equilibrio, lo cual significa que el mismo fruto en su respiración y transpiración genera un equilibrio dentro del empaque, a través del intercambio de gases que se da entre el empaque y en el exterior”.
Por último, los investigadores lograron tener una atmósfera modificada, lo que quiere decir que se redujeron las concentraciones de oxígeno dentro del empaque y aumentaron las de dióxido de carbono, lo que hace más lento el proceso metabólico del fruto, haciendo que su vida útil se extienda.
Mercado transformado
Respecto a quiénes producirían estos empaques, la magíster aclara que se pueden fabricar desde las fábricas convencionales de plásticos, pues tienen toda la capacidad de producción para esta alternativa de empaque y para abrir un nuevo mercado de biodegradables.
Aunque su elaboración representaría un aumento de costos (tres veces más en empaque individual), la investigadora insiste en que “se debe romper el paradigma de hasta dónde se justifica el costo en términos ambientales, de diseño y de posibilidades de no generar este tipo de contaminación, pues aunque son más costosos, su utilidad justificaría un beneficio ambiental”.
Finalmente, para que esto sea una realidad en el mercado nacional se requeriría de un impuesto o soporte económico para hacer una importación inicial y realizar pruebas más grandes con cosechas completas.
“La idea es tener más cantidad de envases y que alguien los integre, que en este caso podría ser un productor que esté exportando, pues en la parte técnica y científica la tecnología ya estaría desarrollada”, concluye la magíster de la UNAL.
Fuente: dicyt.com


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